jueves, 13 de septiembre de 2007

Estar sin certezas - Libro - 6ta entrega

Yo me he sentido crecer en algunos momentos específicos de mi vida. Los 16, los 21 y recientemente. No me resulta tan sencillo en este último tramo poner una edad específica de inflexión porque se ha tratado de un proceso largo y lento en el que, por tramos estuve ausente, como de costado. En el lapso que va entre los 21 y pasados los 40 yo era una administradora de lo cotidiano. No hacía elecciones de lo que quería hacer. Decidía en un entorno dado. Yo no me ponía a pensar si quería tener una casa... necesitaba una casa. Ya sea alquilando o comprando pero necesitaba un lugar donde vivir. Luego era pensar que necesitaba un auto para trasladarme, comprar en el supermercado, ir al club, llevar los chicos. De modo que comprar el auto era otra necesidad. Así transcurrió todo mi tiempo. Entre necesidades que se presentaban y acciones destinadas a abastecerlas. Era algo así como una empleada en relación de dependencia de mí misma. Decidir y asumir las responsabilidades de las decisiones (pagar, ahorros, prestamos, etc) hacía que no necesitara detenerme a pensar nada. Tenía poco tiempo para leer y para entonces pareciera que no me llegaron los libros adecuados.

Siempre trabajé en empresas en distintas áreas y fui modificando a lo largo de este desempeño mi percepción acerca del trabajo: en un principio era una mera observadora de los desempeños ajenos tratando de valorarlos y adoptar algún criterio por si en alguna oportunidad desarrollara un puesto parecido. Muchas veces la necesidad económica determinó mis elecciones y no tuve tiempo (o valor) de preguntarme si realmente me gustaba lo que hacía. Lo cierto es que en muy pocas oportunidades estuve a disgusto y cuando ocurrió me las he arreglado para que eso cambie, de una manera u otra.

A lo largo de este crecimiento veía la vida de determinada manera y consolidaba mi escala de valores con las experiencias cotidianas. No sé cómo fue que empecé a cuestionarlo todo. Creo que fue en principio un sutil malestar y luego sobre el final... la angustia. Tengo pendiente aún leer la Náusea, para saber si habla de lo mismo, o la Angustia de Kierkegaard o Lacan para saber si la describen de manera similar.

Si he tenido alguna virtud ha sido la de no maquillar la verdad. Si llueve a morir y me caso por la noche podré decir que confío en que finalizará pero no mentiría diciendo que está parando, excepto que eso ocurra realmente. De este modo aquello que no encajaba, en la medida que lo podía explicar lo ponía en palabras. Lo que no me quedaba como materia pendiente, como acicate.

Así fui desprendiéndome de cada una de las certezas que tenía. Si esto te ha ocurrido no necesito explayarme demasiado para que te reconozcas en estas líneas. Si aun no te hubiera ocurrido y sufrieras de un malestar superficial no tengo demasiadas dudas que esta podría ser una etapa a atravesar y podrás reconocerte en estas líneas que espero mitiguen en algo la experiencia. No ya para utilizar mi resultado como sustituto del tuyo sino para usar algunas técnicas del recorrido que me resultaron exitosas si es que pudieran servirte.

Estaba sin certezas. No sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal. Lo correcto y lo incorrecto ya no eran taxativos, todos estaban sujetos a otras variables. Empecé a pensar si tenía algún sentido vivir sin una escala. No tenía sentido para mí nada sin un marco de referencia, una regla de validación. Me volví más flexible, pero de serlo tanto me perdí.

Estoy perdida, dije y no creo que muchos hayan entendido a qué me refería cuando mencionaba esta frase en discusiones de política, de economía, de educación. Claro que podía hablar pero había un punto en que la discusión era conceptual, filosófica y ahí yo me encontraba perdida. El resto parecía aún bastante ocupado en la administración de lo cotidiano de manera que nunca pude validar si hay alguna manera de funcionar cuando tu escala de valores se desmorona. Convine por fin que al menos no para mí y con una claridad tal que me supe capaz de soportar cualquier tragedia pero no la ausencia de ellas que era en cierto modo una ausencia de mí. Qué era yo sino mis valores, gustos, elecciones, acciones y sentimientos?

Entre tanto se cruzaban otros interrogantes en mi cabeza: Será esta la razón por las que algunas personas se regodean en el sufrimiento? El miedo a perderse a sí mismas si el dolor, una vez por todas, ya no estuviera acicateando el ánimo?

Hoy creo sinceramente que es muy probable que se extravíen, que se desconozcan, pero si alguna vez lograran hacerse del valor suficiente para desprenderse de lo que no les aporta sufrirán una especie de peeling en que se sentirán algo arrepentidos e irreconocibles después del tratamiento pero reencontrarse con una persona que les cae mucho mas simpática mañana.

No estoy muy segura que haya una manera diferente de llegar al cielo que pasando por el infierno.

3 comentarios:

Holosoma dijo...

Hola Pasión,

he llegado aquí por un comentario tuyo en Genciencia: http://www.genciencia.com/2007/08/26-experiencias-fuera-del-cuerpo/c/16445#c16445

A toda persona interesada en los temas de proyección astral, le recomiendo que eche un vistazo a la información que da la IAC y su interesante punto de vista.

El link de la academia es: http://mundoiac.org/Spanish/Default.htm
Y el de la oficina de Madrid que es a la que yo voy: http://www.iacworld.net/offices/mad/

Si te interesa el tema, puedes preguntarme cualquier cosa y: bienvenida!!!
Si no es así: Mil disculpas por las molestias!!! ;)

Un saludo!!

Pasión dijo...

Gracias Holosoma por tu comentario!
Yo puse el mío en Genciencia porque estos chicos maravillosos que nos aportan datos interesantísimos sobre nuevos descubrimientos no alcanzan a ver que todo confirma la existencia de un Otro.
Dios es el infinito numero de leyes que ordena el Caos.
Visitaré el que me envias.
Un saludo cordial.
Pasión

Hada Saltarina dijo...

Hola Pasión,

Verás, viendo tu blog me he detenido en esta sexta entrega de tu libro, y, como para confirmar el texto que te envié de Yogananda, me quedó esta frase que tú escribes:

"Si he tenido alguna virtud ha sido la de no maquillar la verdad".

¡¡¡Qué bonito!!! Una vez más surge: la Verdad

 
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