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sábado, 2 de agosto de 2008

El viaje de psiquis - Eugenio Carutti


Estos dias me hallaba pensando cual es el límite del libre albedrío. Si realizara todos los días las mismas tareas sin hacerlo de manera consciente podría decir que estoy ejerciendo mi libre albedrío?


Hojeando la revista Uno Mismo Egeunio Carutti trata el tema en la nota de referencia aunque no estoy muy segura de que responda con ella la pregunta que yo me he formulado, pero poco importa. He tomado frases intercaladas por una cuestión de espacio en el blog pero recomiendo su lectura completa y además las notas en general de Uno Mismo que, traten el tema que traten, lo hacen de una manera inteligente, con buen material y sin descuidar el lado intangible de las cosas.


Dice la nota: "La mente externa está literalmente poseída por lo colectivo que nos impone sus objetivos y nos hace creer que los hemos elegido libremente; nos hace sentir y desear lo mismo que los demás; otro nivel interno de la mente, pero también superficial, compensa al primero; está lleno de imágenes, fantasías y anhelos que provienen de lo colectivo pero que nos parecen íntimamente personales.


Lo colectivo se ha apoderado de la mente y la mantiene danzando sin parar en sus ritmos cambiantes; en este nivel lo único importante parece ser el resultado de nuestras acciones; nos desesperamos por alcanzar nuestros objetivos; queremos amor sin habernos preguntado jamás el verdadero significado de esa palabra; queremos dinero y poder; tener una posición lo más importante posible dentro de la sociedad; y con los años queremos tener salud.


El proceso de individuación comienza cuando hacemos contacto con un nivel interno mucho más profundo; en él, la caleidoscopia danza de eventos, el mar de estímulos que nos empujan hacia una u otra dirección, los retazos incoherentes de nuestra biografía y el conflicto de nuestro contradictorios deseos, aparecen bajo una luz.


Esa inteligencia nos permite advertir patrones y repeticiones donde antes sólo habia casualidades; comenzamos a captar un sentido más profundo en el mar de aciertos y errores de nuestra vida; ese nivel oberva nuestras acciones sin culpabilizar; e incluso percibe cómo las personas que más nos han herido jugaron un papel necesario.


Destello tras destellos se nos revelará que todo aquello en lo que creíamos no tiene la existencia que nosotros -o lo colectivo en nosotros- le otorgábamos. Pero todas ellas fueron experiencias necesarias en el viaje de la psiquis por el universo.


Y el viaje recién ha comenzado".


Bonito día!!

Pasión

viernes, 16 de mayo de 2008

Hay que buscarse un amante


Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron.
Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.
Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre.
En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas.Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro:“Depresión” y la infaltable receta del antidepresivo de turno.Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan: ES UN AMANTE.Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica! Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más.
A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición:
Amante es: “Lo que nos apasiona”. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir.Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby…En fin, es “alguien” o “algo” que nos pone de “novio con la vida” y nos aparta del triste destino de durar.
Y qué es durar? - Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia.Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, se vos también un amante y un protagonista… de la vida.Piensa que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie.
Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante…La psicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental:“Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida”
Pasion
Este texto es de Jorge Bucay. Por mucho tiempo decidí no poner sus escritos por cierto enojo a la copia del texto de la filósofa española. Hoy me parece una pena no compartir algunos que mirados a la distancia me siguen pareciendo buenos y he aprendido a perdonar los errores ajenos quizá para que la vida excuse los míos.

jueves, 15 de mayo de 2008

La sabiduría de las emociones III - La culpa


Cuando uno dice: “me siento culpable” en realidad está nombrando una parte de su realidad psicológica, está identificandose con una mitad de lo que le está ocurriendo en ese momento. La otra mitad, que uno no suele percibir, es la voz interior culpadora, que es justamente la que hace que uno se sienta culpable.
Cada individuo está regido por un conjunto de normas, ideas, que nos parecen correcta. Sea cual fuere el código moral de cada uno el hecho es que existe y que una vez que se establece lo hace con él un sistema que garantiza su cumplimiento. El culpador es el guardián del código y cada vez que trasgredimos alguna pauta de dicho código se activa una señal que informa que el código ha sido trasgredido. Esa señal es la culpa.


Lo que la vale la pena mencionar es que las normas son de fuero interno y que cambian. Que lo que resultaba válido en determinadas circunstancias o tiempo no lo son en otras. Y que lo que resulta válido para muchos personas puedo no serlo para otras.


Las mujeres en tiempos anteriores no se iban de la casa hasta que se casaban. Está claro que esta costumbre ya no está vigente y nadie se sentirá culpable por esto. De todas maneras la culpa no radica en que esto fuera una costumbre de época sino que era válida en el contexto interno de ese individuo. Si una mujer para entonces no hubiera pensado así está claro que no habría sentido culpa.


Por otra parte cuando decimos “fulanito de tal me hace sentir cupable”. No es fulanito de tal sino nuestro culpador interno. Supongamos que fulanito viene a acusarnos de algo que no hicimos. No sentiríamos sentimiento de culpa porque somos conscientes de no ser responsables del hecho. Si algo activa en nosotros habrá que revisar por qué lo hace. Esto no significa que necesariamente seamos culpables. Da el caso de una mujer que se quería separar pero sentía que estaba abandonando a su esposo que era una buena persona.


El análisis de la culpa permite ver que puede ser cierto que el otro nos necesite pero se debe encontrar una salida conveniente para que ambos podamos ser felices.


Esta mujer pudo entonces ponerse a pensar que podía mantener su inquietud de ayudarlo sin necesidad de estar sumida en una relación que la ahogaba.
Levy señala entre culpa funcional, la que permite que la persona analice su actuar buscando una salida positiva para la persona y la culpa disfuncional que sólo busca lastimarnos.


Quizá como síntesis pueda decirse: cuando tu culpador te señale una falta quizá quepa preguntar qué código o que norma se transgredió? Hay alguna manera de repararla? Cuál sería la salida funcional?


Este ha sido uno de los capítulos que más me ha costado resumir. El propone un diálogo entre la parte que sufre y la que impone el código. Ambas tuyas! Te animas?


Bonito día!

Pasión
PD. este post como los anteriores del mismo nombre están basados en el libro de Norberto Levy "la sabiduría de las emociones. La síntesis que realizo pierde un rico contenido de modo que si te animas a leerlo es un libro cortito que vale la pena

lunes, 12 de mayo de 2008

La sabiduría de las emociones II - La ira


Nos enojamos cuando algo nos frustra.
Cuando la energía de un deseo se encamina hacia su objetivo y encuentra un obstáculo, esa obstaculización produce una sobrecarga energética que no tiene más función que la de asegurar la realización de ese deseo.


Lo que ocurre es que al no saber cómo implementar adecuadamente tal sobrecarga de energía, en lugar de contribuir a la resolución del problema se convierte en un problema más.
Si le pedimos dinero prestado a un amgio y él nos dice que no porque no dispone de esa suma y le creemos, nuestra frustración será frustración y tal vez pena, pero no se hará enojo hacia él. Si en cambio creemos que nos miente, que tiene dinero de sobra y no nos lo quiere prestar, entonces la frustración tiene las puertas abiertas hacia el enojo.


Además de las tendencias psicológicas individuales, existe otro factor, de naturaleza filosófica existencial, que consiste en la concepción (consciente o inconsciente) que cada uno tenga acerca del sentido último de la vida y de la vida misma.


Si yo creo que la vida es, en esencia, una eterna batalla en la que quien gana sobrevive y triunfa y quien pierde es extinguido, mi objetivo último será ganar y viviré en esa atmósfera emocional de guerra continua.


Si en cambio creo que la batalla existe pero ella no es rasgo esencial de la vida, el aprendizaje que nuestra conciencia realiza en la solución de los problemas implica que cada frustración tienda a ser evaluada como un problema que efectivamente frustran y demoran los objetivos deseados, pero no generan reflejos inmediatos de enojo bélico-destructivo.


Quizá una manera de aprender sea mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos cuánto nos enojamos? por qué nos enojamos y qué hacemos o a quien dañamos si nos enojamos?
Enojo, ira y odio son escalas de un mismo valor que refieren a su magnitud y permanencia.
Yo creo que el análisis de las emociones será un punto de inflexión en el desarrollo evolutivo del hombre incluso desde el punto de vista social.

Yo me enojado muchas veces (creo que la madurez ha sosegado mi impulso) y ahora pienso cuánto menos derecho tenía que muchos otros que, siendo más violentos, tienen muchas más razones. En la proporción de las causas y consencuencias yo creo haber tenido más ira.


Hoy miro el mundo de otra manera, comprendo al otro desde una mirada diferente y si bien no me complace la violencia hoy puedo comprenderla. No la justifico pero la comprendo.
Me gustó haber cambiado. No todo me sale a pedir de boca, es más , creo que en los últimos años casi nada sale del modo que lo espero pero ya no me frustra... aprendo. Y he aprendido tanto que me pregunto si cuando todo estaba bien no era que estaba dormida.


Pasión


Este texto ha sido tomado casi en su totalidad del libro de Norberto Levy, "la Sabiduría de las emociones" pero no necesariamente su orden o concatenaciòn por una cuestión de espacio.

Vale la pena ampliar los conceptos con el libro, es pequeño pero inmensamente rico en el tratamiento de las emociones.

lunes, 5 de mayo de 2008

La sabiduría de las emociones - Norberto Levy




Del mismo modo que las luces del tablero de mando del automóvil se encienden e indican que ha subido la temperatura o queda poco combustible, cada emoción es una luz de tonalidad específica que se enciende e indica que existe un problema a resolver.


El miedo, la ira, la culpa, etc, son estupendas y refinadísimas señales que alertan, cada una de ellas, acerca de un problema particular y sun función es remitir a ese problema.
Cuando esto ocurre uno se concentra en la resolución del problema y le agradece a la emoción haber orientado la mirada en esa dirección, por más dolorosa e inquietante que dicha emoción pueda haber parecido al comienzo.


Solemos creer que las emociones son el problema. Que el miedo , el enojo, la culpa, etc son los problemas que nos acosan. Y no es así. Se convierten en problemas cuando no sabemos cómo aprovechar la información que brindan, cuando nos “enredamos” en ellas y nuestra ignorancia emocional las convierte en un problema más.


Entonces sí, cada uno de estos estados agrega más sufrimiento estéril a la experiencia que vivimos. Pero, en sí lo que perturba no es la emoción sino el no haber aprendido aún como leer y aprovechar la información que transmite.


LA DIGNIDAD DEL MIEDO


El miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla.


Es importante aclarar que no existe algo que sea en sí mismo una amenaza. Siempre lo es para alguien y depende de los recursos que tenga para enfrentarla.


La amenaza puede ser física o emocional. Podemos temer ser golpeados, no contar con el dinero suficiente para mantenernos, ser humillados y excluidos del afecto de quienes nos rodean, etc..
Sea cual fuere la ìndole del peligro, si la amenaza tiene un valor diez y los recursos con lo que contamos para hacerle frente también tienen un valor diez, no va a producirse miedo. Si los recursos que tenemos son de un valor tres, el miedo surgirá y será precisamente el indicador de esa desproporción.


Esta entrada ha sido construida a partir del libro “La sabiduría de las emociones” de Norberto Levy, psicoterapeuta argentino que desde hace más de treinta años investiga los mecanismos de la autocuración psicológica.


Hay más información y ejemplos y sólo por una cuestión de longitud seleccioné aquellas frases que me parecieron daban la mejor idea del concepto.


Me parece fundamental presentar esta perspectiva sobre las emociones para nuestro autoconocimiento y también para la responsabilidad que nos cabe en la mirada hacia los otros. Cuando creemos que el otro no quiere quizá sea que no puede y lo único que tenemos que hacer es ayudarle a buscar los recursos para que pueda o que los reconozca. Dice Levy en otro tramo de estas primeras hojas que muchas veces el recurso está pero es como el pozo de petróleo bajo la casa: si no se conoce… no existe.


Si te surgiera alguna pregunta, duda o inquietud puedes ponerla como comentario. Si Levy la responde en su libro te la transmitiré.


Por el momento me pareció muy útil compartir esta maravillosa perspectiva. Yo creo que el camino para llegar a Dios se afirma en dos pilares:

1) Uno mismo: a través del autoconocimiento

2) Los otros: a través del amor


Es probable que comience a poner notas de autoconocimiento o desarrollo personal. Los místicos reconocen esto como el punto de partida y yo coincido.


Bonito día!

Pasión
 
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