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viernes, 4 de abril de 2008

La ley del karma

Puesto que la ley del karma es inevitable e infalible, cada vez que perjudicamos a otros nos perjudicamos directamente a nosotros mismos y cada vez que les proporcionamos felicidad, nos proporcionamos a nosotros mismos, felicidad futura. Por eso el Dalai Lama, dice:

"Si intentas dominar tus motivos egoístas, ira y demás, y cultivar más bondad y compasión hacia los demás, es último término tú mismo te beneficiarás más de lo que te beneficiarías de otro modo. Por eso digo a veces que el egoísta sabio debería practicar de esta manera. Los egoístas necios siempre están pensando en sí mismos, y el resultado es negativo. Los egoístas sabios piensan en los demás, ayudan a los demás tanto como pueden, y el resultado es que ellos también se benefician."

Del libro tibetano de la vida y de la muerte

domingo, 5 de agosto de 2007

El buen corazón


La clase de nacimiento que tendremos en la próxima vida viene determinado, pues, por la naturaleza de nuestras acciones en esta. Y es importante no olvidarse nunca de que el efecto de nuestras acciones depende por completo de la intención o motivación a que responden y no a su envergadura.

En la época de Buda vivió una anciana mendiga llamada "Confiar en la alegría". Esta mujer observaba cómo los reyes, príncipes y demás personas hacían ofrendas al Buda y sus discípulos, y nada le hubiera gustado más que poder hacer ella lo mismo. Así pues, salió a medigar, y después de un día entero sólo había conseguido una monedita. Fue al vendedor de aceite para comprarle un poco, pero el hombre le dijo que con tan poco dinero no podía comprar nada. Sin embargo, al saber que ella quería el aceite para ofrecérselo al Buda, se compadeció de ella y le dió lo que quería. La anciana fue con el aceite al monasterio y allí encendió una lamparilla, mientras le expresaba este deseo: "No puedo ofrecerte más que esta minúscula lámpara. Pero por la gracia de esta ofrenda, en el futuro sea yo bendecida con la lámpara de la sabiduría. Pueda yo liberar a todos los seres de sus tinieblas. Pueda purificar todos sus oscurecimientos y conducirlos a la Iluminación".

A lo largo de la noche se agotó el aceite de todas las lamparillas, pero la de la mendiga aún seguía ardiendo al amanecer cuando llegó Maudgalyayana, discípulo del Buda, para retirarlas. Al ver que aquella todavía estaba encendida, llena de aceite y con mecha nueva, pensó: "No hay motivo para que esta lámpara permanezca encendida durante el día y trató de apagarla de un soplido. Pero la lámpara continuó encendida. Trató de apagarla con los dedos, pero siguió brillando. Trató de extinguirla con su túnica pero siguió ardiendo. El Buda, que había estado contemplando la escena, le dijo: "Quieres apagar esa lámpara, Maudgalyayana? No podrás. No podrías siquiera moverla y mucho menos apagarla. Si derramaras todo el agua del océano sobre ella no se apagaría. El agua de todo slos ríos y lagos del mundo no bastarían para extinguirla. ¿Por qué no?

Porque esa lámpara fue ofrecida con devoción y con pureza de mente y corazón. Y esa motivaciónla ha hecho enormemente beneficiosa.

Cuando el Buda terminó de hablar, la mujer se le acercó y él profetizó que en el futuro llegaría a convertirse en un buda perfecto llamado "Luz de la Lámpara".

Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de nuestros actos. Shantideva dijo:

Toda la dicha que hay en este mundo,
todo, proviene de desear que los demás sean felices,
y todo el sufrimiento que hay en este mundo,
todo, proviene de desear ser feliz yo.

De "El libro tibetano de la vida y de la muerte.

domingo, 29 de julio de 2007

El libro tibetano de la vida y de la muerte - Sogyal Rimpoché


Dos fragmentos:

Es muy triste que la mayoría de nosotros empecemos a apreciar la vida cuando estamos a punto de morir. Muchas veces pienso en las palabras del gran maestro budista Padmasambhava: "Quienes creen que disponen de mucho tiempo sólo se preparan en el momento de la muerte. Entonces los desgarra el arrepentimiento. Pero ¿no es ya demasiado tarde?. Existe noción más escalofriante sobre el mundo moderno que la de que la mayoría de la gente muere sin estar preparada para la muerte, de la misma forma que ha vivido, es decir, sin estar preparada para la vida?

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Si examinamos nuestra vida veremos claramente cuántas tareas sin importancia, a las que llamamos "responsabilidades", se acumulan para llenarla. Un maestro lo compara con "hacer la limpieza de la casa en sueños". Nos decimos que queremos dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tenemos tiempo. El mero hecho de levantarnos por la mañana supone una multitud de tareas: abrir la ventana, hacer la cama, ducharse, cepillarse los dientes, dar de comer al perro o al gato, fregar los platos de la noche anterior, descubrir que te has quedado sin azúcar o café, salir a comprarlo, preparar el desayuno... Es una lista interminable. Luego hay que buscar la ropa, elegirla, plancharla, volver a doblarla. ¿Y el cabello? ¿Y el maquillaje? Devalidos, vemos cómo se nos llenan los días de llamadas telefónicas y proyectos triviales, de responsabilidades y responsabilidades... Aunque ¿No deberíamos llamarlas irresponsabilidades?

Parece que es nuestra vida la que vive por nosotros, la que posee su propia extraña dinámica y nos arrastra sin control. A fin de cuentas nos parece que no tenemos elección ni dominio sobre ella. Naturalmente, esto nos hace sentir mal, tenemos pesadillas y despertamos sudorosos, preguntándonos ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Pero nuestros temores sólo duran hasta la hora del desayuno, aparece el maletín y volvemos a estar donde empezamos.

domingo, 18 de marzo de 2007

TAO TE KING - LAO TZU - cap. XLVII

"Sin salir por la puerta es posible conocer todo el mundo; sin mirar por la ventana es posible darse cuenta de las vías del Cielo (principios que rigen todas las cosas). Cuanto más lejos se va, menos se aprende.

El Sabio llega a la meta, sin haber dado un paso para alcanzarla. Conoce, antes de haber visto, por los principios superiores. Termina, sin haber actuado, por su influencia trascendente."

La aclaración entre paréntesis es del libro de donde lo obtengo. No todos los capítulos de Tao te King resultan sencillos pero, como en todos los libros que transmiten verdades esenciales, se encuentran idénticos conceptos. A falta de certezas de la ciencia encontrar los puntos en común mitiga el extravío.


miércoles, 3 de enero de 2007

La balsa no es la orilla

Bhiksus, os he contado en muchas ocasiones lo importante de saber cuándo es el momento de abandonar una balsa y no aferrarse a ella innecesariamente.

Cuando el río de una montaña se desborda convirtiéndose en un torrente de agua lleno de escombros, un hombre o una mujer que deseen cruzarlo pueden pensar: Cuál es la forma más segura de cruzar el río?

Al evaluar la situación pueden decidir ir a recoger algunas hierbas y ramas, construir una balsa con ellas y usarla para cruzar el río. Pero si al llegar a la otra orilla piensan: "He dedicado mucho tiempo y energía a contruir esta balsa, es una valiosa pertenencia y me la llevaré conmigo mientras continúo mi viaje". Si entonces deciden cargársela a las espaldas o sobre la cabeza para llevársela consigo, ¿creés bhiksus que están obrando con inteligencia?

Los bhiksus respondieron:

-No, venerable señor.

El Buda dijo:

- Cómo podían haber actuado con más sensatez? Podían haber pensado: "Esta balsa me ha ayudado a llegar a salvo a la otra orilla. Ahora la dejaré en la ribera para que alguien más pueda usarla con el mismo fin. ¿Acaso esto no sería una manera más inteligente de actuar?

Los bhiksus contestaron:

- Sí, venerable señor.

El Buda dijo:

- He dado estas enseñanzas sobre la balsa en muchas ocasiones pero recordaros que es necesario desprenderse tanto de las enseñanzas verdaderas como de las que no son verdaderas.


Del libro "Las enseñanzas del Buda"- Thich Nhat Hanh

sábado, 9 de diciembre de 2006

El dedo señalando la luna - Las enseñanzas del Buda - Thich Nhat Hanh

El Surangama Sutra nos dice: Cuando alguien usa un dedo para señalar la luna a otra persona, si esta confunde el dedo con la luna, no podrá ver la luna ni tampoco el dedo.

Todas las enseñanzas de los sutras son dedos apuntando a la luna. Estos dedos apuntadores no son la luna, al igual que la balsa no es la otra orilla.

La enseñanzas del Buda no son en sí mismas la experiencia de la iluminación, al igual que un mapa de París no es la ciudad de París.

 
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