
Había una vez un hombre a quien ver su propia sombra lo contrariaba tanto y era tan infeliz de sus propios pasos que decidó dejarlos atrás.
Se dijo a sí mismo: simplemente me alejo de ellos. De tal modo se levantó y se fue. Pero cada vez que apoyaba un pie y daba un paso, su sombra fácilmente lo seguía. Entonces se dijo: "Debo caminar más rápido". Caminó más y más rápido, caminó hasta caer muerto. Si simplemente hubiera caminado hacia la sombra de un árbol, él se habría deshecho su sombra y si se hubiera sentado, no habría habido más pasos. Pero no se le ocurrió.
A mucha gente no se le ocurre hoy en día la idea de sentarse a la sombra de un árbol. Prefieren, como el hombre de la historia que nos legó Tschuang-Tsé, escaparse.
Pero quien escapa de su sombra camina hasta morir. Nunca logra la calma.
Esta es por cierto la situación de muchas personas que en la actualidad caminan hasta su muerte sólo porque tienen miedo de enfrentar su propia sombra, de observarse en sus aspectos menos agradables. Quieren huir de su sombra.
Tomado del libro "Armonía interior: un camino posible" de Anselm Grün.

