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jueves, 3 de mayo de 2007

Santa Teresa de Jesús - Moradas


Suelo hacer visualizaciones para imaginar cuestiones de mi relación con Dios. Y me gustó coincidir con Teresa de Jesús imaginando que Dios está dentro mío haciendome ir hacia El en una torre en círculos donde a veces lo siento de una manera más presente, quizá, pienso, por alguna ventana interior y otras, habiendo estado más en oración no lo percibo e intuyo que estoy caminando al lado de muros sólidos.

Qué difícil tomar distancia de uno mismo y saber a ciencia cierta qué está uno haciendo mal y qué bien. Qué es lo que hace que uno lo sienta más o menos presente. Quizá sea que El se muestra en dosis para no interferir con nuestro libre albedrío y que llegar a EL sea siempre una elección humana?

Vayan para compartir algunas líneas de su Primera Morada:

Pidiéndole ayuda a Dios para comenzar estas líneas se me ocurrió la siguiente comparación. Nuestra alma es semejante a un magnífico castillo, con muchas moradas y que supera todo lo que vemos sobre la tierra, puesto que es imagen del propio Dios. El mismo nos lo ha dicho: somos figura y semejanza suya.
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Este castillo interior tiene muchos ambientes, muchas moradas. En todas ellas se hace presente el Señor del Castillo. Pero su asiento y habitación es la más interior. Su presencia hace resplandecer la belleza de todo el conjunto.
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Probablemente algunos de los que lean cómo se comunica Dios a algunas personas dirán que es imposible e inadmisible. Pro para El no hay nada imposible. Sus comunicaciones y coloquios con unos gusanos como nosotros, ¿no serán acaso la forma de mostrar su inmensa bondad?
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La puerta para entrar al castillo es la oración y la consideración (...) la persona que diga que está haciendo oracióny no tenga la cabeza en lo que está haciendo, es inútil decir que se encentra orando por más que repita maquinalmente unas palabras o se aísle de los demás. Aunque, por ciertas circunstancias, Dios bondadosamente acepte como oración nuestras plegarias no plenamente conscientes.
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Los que entran hasta aquí no llegan a captar la magnificencia de todo el castillo. Sus ojos están llenos de polvo -intereses terrenales- que les impide ver la verdadera realidad. ¡Ya hicieron bastante con dar con la puerta de entrada!

sábado, 28 de abril de 2007

San Francisco de Asís

No resulta tan grata la lectura de San Francisco de Asís para quienes queremos estar cerca de Dios. El libro es increíble. Un milagro tan otro, un relato más maravilloso que el anterior. Al momento de elegir qué poner acá no resulta fácil. Pero si estamos tratando de llegar a Dios, de sentirlo más cerca, en realidad nos pone en perspectiva de la distancia. El tan grande y yo tan pequeña. El tan puro y yo tan miserable... me sentí condenada.

Esto ha sido un comentario preventivo. El libro se llama Florecillas y mientras lo leo pienso cuando lo releeré sin haberlo terminado! Es una invitación con advertencia. Quizá sea lo que debamos leer cuando nos tornemos algo presumidos y creamos que somos mejores de lo que en realidad somos. Quizá.


Sin más va uno de los relatos:

En cierto convento los frailes recibieron a un niño muy puro e inocente. Un día llegó San Francisco. Aquel niños estaba ansioso de conocer de cerca su santidad. Por eso aquella noche, luego de las oraciones, fue a acostarse cerca del santo, en el suelo, como hacían todos porque era muy pobres. Curioso de ver qué hacía San Francisco cuando se levantaba de noche, ató su cordón al del Santo a fin de despertarse cuando él se levantara.

Luego del primer sueño, al querer levantarse, Francisco advirtió la atadura. La desató suavemente, cosa de no despertar al niño y se fue al bosque a rezar. Al rato despertó el niño y observó el cordón desatado. Se levantó y comenzó a buscar a San Francisco.

Viendo abierta la puerta que conducía al bosque, pensó que allá lo encontraría. Llegando cerca de donde estaba el Santo comenzó a oír una conversación. Acercándose más para escuchar mejor, notó que una luz admirable rodeaba a Francisco. En medio de esa luz vio entonces al mismo Jesucristo, a la Virgen, a Juan el Bautista, a San Juan el discípulo amado y una multitud de ángeles. Todos hablaban animadamente con San Francisco. Al ver y oír todo esto el niño cayó desmayado.

Al regresar Francisco al convento, tropezó con el niño. Estaba como muerto. Con mucho cariño lo alzó en sus brazos y lo lleva a la cama, como buen pastor que cuida de sus ovejas. Cuando el niño le comentó lo que había visto Francisco le ordenó que no le dijese a nadie.

Este frailecito creció mucho en gracia de Dios y en devoción a San Francisco, llegando a ser un excelente religioso. Y solo después de la muerte del Santo reveló aquella visión en el bosque.

viernes, 20 de abril de 2007

Teresa de jesus - Relatos maravillosos

Dios se vive desde muchos planos. Desde uno intelectual, falible y escaso, donde uno comete la torpeza permanente de imaginarlo hombre.
Desde la necesidad donde uno implora que nos provea o nos acompañe.
Desde lo mágico, el plano trascendente por el que queremos viajar sin saber cómo. Quizá sea este el que más me gusta. Yo pido y pido bastante. Cada día requiero algo, que me ayude a hacer tal trabajo, que me ayude a no odiar, que me ayude a controlar mis impulsos...pero reconozco que el plano que me fascina es este donde puedo conocerlo desde una dimensión que yo no acertaba a imaginar. Y para conocerlo desde este plano necesito ayuda. De algunos que hayan estado más cerca. Si tu eres como yo y quieres acercarte a su plano de trascendencia, recomiendo la lectura de los santos. Esos puros de corazón, como dicen las Bienaventuranzas, quienes verán a Dios.

Traigo aquí, entonces, algunos párrafos extraídos de Teresa de Jesús del Libro "Se trata de amar mucho" que contiene Autobiografia, Camino de Perfección y Moradas. Es un libro muy pequeño que se lee muy rápido y pareciera ser una extracción de los mencionados.


Algunos párrafos:

"Cuando tomé el hábito, el Señor me dio a entender cómo favorece a los que se hacen fuerza para servirlo (*). Me dio una alegría tan grande de ser monja que nunca jamás me faltó hasta el día de hoy.

Transformó Dios la sequedad que tenía en el alma en grandísima ternura. Me deleitaba en todas las cosas del convento. Algunas veces, cuando estaba barriendo, justo en las mismas horas que antes dedicaba a peinarme y arreglarme, sentía una renovada alegría de verme libre de esas preocupaciones. Yo misma me asombraba de esa alegría sin entender de dónde venía".

(*) A mí me gustaría hacer una reflexión sobre servir a Dios porque me he dado cuenta que una parte importante de los conflictos en relación con EL está en las palabras.
Servir sugiere tanto que puede implicar servicio o servidumbre y de algún modo en el contexto en que me muevo acaso la gente lo relacione más en su segunda acepción.
Yo quisiera decir mi experiencia personal porque las palabras son palabras y no tienen una verdad intrínseca, son una forma de expresión de nuestra verdad individual. En este sentido yo he llegado a percibir que servir a Dios es no servir a nadie. No se trata de una actitud servil donde espero recibir favores por algo cumplido. Servir a Dios es dejar de preocuparse por las cosas del mundo y dejarse llevar por sus intenciones. Esto nos pone en un marco de despreocupación donde lo básico estará y sólo nos queda disfrutar de lo impensado.

Y un párrafo fuerte desde otro lugar de su libro:

Un día, al comulgar, vi dos demonios que rodeaban la gargante del pobre sacerdote y entendí que estaba en pecado mortal. Me sentí tan turbada que no sé cómo pude comulgar. El mismo Señor me dijo que rogase por ese sacerdote. Me había dejado ver aquello por una razón: para que entendiese la fuerza que tienen las palabras de la consagración, que él no dejaba de estar presente en la hostia, por más malo que fuera el sacerdote que celebra la misma, para bien de toda la gente".

viernes, 29 de diciembre de 2006

Confesiones - San Agustín - Libro X - Cap XL


"Algunas veces me introduces en un afecto muy inusitado, en una no sé qué dulzura interior, que si se completase en mí, no sé que será lo que no es esta vida. Pero con el peso de mis miserias vuelvo a caer en estas cosas terrenas y a ser reabsorbido por las cosas acostumbradas, quedando cautivo en ellas. Mucho lloro, pero mucho más soy detenido por ellas.

!Tanto es el poder de la costumbre!

Aquí puedo estar y no quiero; allí quiero y no puedo. Infeliz en ambos casos."


viernes, 15 de diciembre de 2006

Confesiones - San Agustín - Libro Séptimo - Cap X

..."Entré en mi interior guiado por tí y púdelo hacer porque tú te hiciste en mi ayuda. Entré y ví con el ojo del alma, comoquiera que éste fuese, sobre el mismo ojo de mi alma, sobre mi mente, una luz inconmutable. No era como la luz ordinaria, accesible a toda carne; ni era más grande que ella dentro del mismo género como si la luz natural creciera con claridad hasta ocuparlo todo en su magnitud.

Era una luz del todo diferente, muchísimo más fuerte que toda luz natural. No estaba sobre mi entendimiento como el aceite está sobre el agua o el cielo sobre la tierra; era superior a mí porque ella me hizo y yo le era inferior porque fui hecho por ella. Quien conoce esta luz conoce la Verdad y con la Verdad la eternidad. Y es la caridad quien la conoce".

Nota: se respeta la redacción del libro. Confesiones - Ediciones Libertador

miércoles, 6 de diciembre de 2006

San Agustín - Algunas frases conocidas

"Yo quiero ser santo Señor, pero no todavía"

"Ama y haz lo que quieras"

"Hay muchas cosas que conozco que cuando las quiero explicar ya no las comprendo"

"...llegó mi mente al conocimiento del Ser por esencia en un relámpago de temblorosa iluminación. Tus perfecciones invisibles se hicieron visibles a través de las criaturas, pero no pude clavar en ti fijamente la mirada. Como si rebotara en ti mi debilidad, me volvía yo a lo acostumbrado y de aquellas luces no me quedaba sino un amante recuerdo, como el recuerdo del buen olor de cosas que aún no podía comer"
 
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