sábado, 26 de enero de 2008

Postal espiritual


Esto que voy a contar le ocurrió a mi hermana hace aproximadamente un mes. Espere que ella me lo envíe con el texto que quisiera poner pero a falta de él armo el relato con lo que me envió:


Iba ella caminando una tarde por una zona próxima a un descampado.


En eso ve que un caballo sale al trote y al enfocar la mirada hacia donde se dirigía ve que se va acercando a un hombre.


Cuando llega allí le pregunta: - Es usted el cuidador?


- No. Soy su amigo respondió el hombre. Y vengo a visitarlo todas las tardes y él me sale a esperar.


No es maravilloso?


No tienes tu una postal espiritual para compartir?
Envíala y compartamos estas maravillosas experiencias con otros.


Pasión

1 comentario:

Hada Saltarina dijo...

Me gustaría relatar una experiencia que a lo mejor viene al caso. Hace ya tiempo, viajando en metro, tuve la ocasión de encontrar (o más bien que me encontrara a mí) uno de esos “ángeles humanos” que sin duda no tiene ni idea de que así actuó para mí. Como decía, viajaba en metro cuando éste se detuvo en el túnel. Fui cayendo presa del pánico. Empecé a sentirme mal y a no dejar de pasearme por el vagón con signos de gran nerviosismo. Sin embargo, ningún pasajero se percató o quiso percatarse de mi problema; excepto uno. Un hombre, con un maletín, se acercó a mí, y mirándome fijamente me dijo: “¡Usted tiene miedo!” Por supuesto no tuve el menor problema en afirmar su suposición. Encontes, aquel hombre me dijo que me sentara, y aunque yo no quería, me llevó él a un asiento, y con gran cariño empezó a hablarme y a tranquilizarme. Me explicó que en realidad no estábamos en medio del túnel, sino que si miraba con detenimiento, conseguiría ver la estación. Me dijo que él era mecánico y que, aún así, en una ocasión se detuvo el ascensor en el estaba, pero que, a pesar de disponer de herramientas para solucionar el problema, también se había sentido preso del miedo.

Aquél hombre fue tan comprensivo y cariñoso. No sólo se trata de la ayuda que me dio, sino sobre todo, de su sensibilidad para detectar mi problema y buscar soluciones. Incluso estaba dispuesto a acompañarme al lugar de mi destino si era necesario, pero con su atento comportamiento y sentimiento, ya no era en absoluto necesario.

Me gusta relatar esto como tributo a esos “ángeles humanos” que actúan como verdaderos ángeles sin ni siquiera saberlo.

 
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