lunes, 4 de febrero de 2008

Por qué sufrimos?

En mi meditación hice preguntas al Padre Creador. Le decía que temía que Él conociera mi parte mala, que me castigara por ella. Entonces sentí su respuesta. Si era Él o era ese conocimiento interno que al fin y al cabo de Él proviene, carece de importancia. Lo verdaderamente importante es valorar una posible perspectiva. Y a esa perspectiva me remito, sin que tenga que considerarse de manera literal, ni siquiera comprobar el origen de la respuesta. Pero me gusta pensar que pudiera ser una respuesta del Infinito, ¿por qué no? Y la respuesta que yo sentí fue más o menos ésta:

“No puedo culparte, no hay culpa, yo te creé así; te di unas cualidades y tu tarea consiste en desarrollarlas, pero no porque eso me haga feliz a mi (que me hace, por supuesto), sino porque te da felicidad a ti; porque con ellas llegas a ser quien realmente eres. No hay castigo, niña mía; yo te creé”.

Pero entonces, ¿por qué permites tanto sufrimiento?
“El sufrimiento os lo dais vosotros; como tú dices, yo lo permito, en todo caso. ¿Por qué tanto sufrimiento? Porque no consideráis quiénes sois. No podéis creeros que gratuitamente se os haya dado tanto, y necesitáis justificarlo de alguna manera. Pero yo no lo pido así; sois vosotros, puesto que vuestro nivel de exigencia no os permite ver que cada minuto que vivís, lo hacéis en perfección y progresando hacia el siguiente, hasta que lleguéis a ser quienes realmente sois: perfectos. ¿Le pides tú a tu gata que hable? No, la aceptas en su belleza per sé; pues imagínate yo, cómo me complazco en mi creación.

¿Por qué permito que andéis, digamos, tan perdidos? Por una razón. Dime ¿a ti qué te gusta: que te quieran libremente o que te quieran por obligación? La respuesta es fácil, ¿verdad? Pues a mí me pasa lo mismo. Yo no tengo necesidades en el sentido que vosotros las tenéis, porque YO SOY; no puedo ser más ni menos: YO SOY. Y vosotros vais desarrollando en libertad vuestras cualidades. En libertad, ¿entiendes? Quiero que alcancéis vuestra naturaleza verdadera por vosotros mísmos, no porque yo os lo digo. Quiero que me améis de corazón, no porque yo os amenace con castigos si no lo hacéis.

Cuando vuestro sobrino, os manifiesta amor, ¿no te sientes inmensamente feliz? No le obligáis a hacerlo; sencillamente, él reconoce vuestro amor, y éste se encuentra con el suyo, y entonces, surge la respuesta. Una respuesta de amor. Pues eso es lo que yo deseo. Si vosotros sabéis que yo soy vuestro creador, que os amo incondicionalmente; vosotros, os sentiríais en deuda; pero yo no quiero deudas, quiero Amor, porque soy Amor y porque sois Amor. ¿Entiendes ahora por qué la libertad? Creed en el Amor, y todo se solucionará.

Colaboración de Hada Saltarina



1 comentario:

Pasion dijo...

A mí estos diálogos internos me resultan esclarecedores. Habla de ellos Tony de Mello, Anselm Grun, no sé si alguien deja de mencionarlo. El autoconocimiento es el despojo del peso y el crecimiento de las alas.
Vamos por más... adentro.
Saludos Hada!
Pasión

 
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