viernes, 8 de febrero de 2008

Krishnamurti y "La canción"


El ha dicho: “Están acostumbrados a escuchar la canción de otros y así sus corazones están vacíos y siempre lo estarán porque ustedes llenan sus corazones con la canción de otro; esa no es su canción; por lo tanto ustedes son meramente gramófonos cambiando los discos de acuerdo al humor, pero no son músicos.


Y especialmente en tiempos de grandes trabajos y penalidades tenemos que ser músicos.


Cada uno de nosotros; tenemos que recrearnos con nuestra canción, lo cual significa liberar, vaciar el corazón de aquellas cosas que han sido reunidas por la mente.


Por lo tanto, tenemos que comprender las creaciones de la mente, y ver la falsedad de esas creaciones.


Entonces, cuando el corazón esté vacío, no como en su caso, lleno con cenizas- porque cuando el corazón está vacío y la mente quieta, entonces hay una canción, la canción que no puede ser destruida o pervertida porque no ha sido compuesta por la mente”.


1 comentario:

Hada Saltarina dijo...

Por supuesto, estoy de acuerdo con que cada uno debe hablar desde su propia experiencia y "con su propia canción". Es muy hermoso el texto.

Me gustaría contar una anécdota. Hace muchos años, solicité en una librería con fama de muy libertaria y demás, un libro de Krishnamurti (entonces yo no sabía apenas de él). El caso es que el librero me dijo que por convicciones no tenía ningún libro de él.

Yo me quedé bastante sorprendida, porque, además, como ya he mencionado, la librería en cuestión estaba muy dirigida a todo lo que se considera "libertad" (líneas de pensamiento político muy abiertas). Entonces le pregunté por qué había tomado esa decisión y me dijo que consideraba que lo que enseñaba Krishnamurti hacía mucho daño si no se tenía la debida preparación, y que él no estaba dispuesto a vender ese tipo de libro a, por ejemplo, una niña de 15 años por lo que pudiera pasar.

Puesto que yo no tenía 15 años, le expuse mi opinión. Le dije que, en primer lugar, él no podía saber para qué quería yo el libro. Podía quererlo porque lo apoyaba, o precisamente porque deseaba conocerlo, y si no me gustaba, a lo mejor incluso podría lanzarme a criticarlo; pero él no tenía que entrar en los motivos de por qué alguien compra un libro pues a lo mejor podrían sorprenderle. Y en segundo lugar, no me parecía adecuado el que en una librería se aplicara la censura.

No sé, pero mis argumentos debieron convencerle porque... a los pocos días tenía en el escaparate, para que todo el mundo lo viera, algún libro de Krishnamurti.

 
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